Trabajo e industria
La gestión de operaciones de una granja vertical: ¿por dónde empezar? Las tres capas de plántulas, números y personas
“Al final, esto solo se aprende con la experiencia”. Es la conclusión a la que suele llegar quien entra nuevo a la gestión de operaciones de una granja vertical. Y la mitad es cierta. Pero esa frase viene casi siempre acompañada de la idea de que lo que hay que aprender es un único bloque. En realidad, la gestión de operaciones se divide en tres capas de naturaleza distinta. Leer la fisiología de la plántula, vigilar los números, y poner en orden a las personas y el flujo de trabajo. Las tres se adquieren por separado, y solo cuando engranan entre sí la operación empieza a funcionar. Esta forma de verlo rinde porque, de las tres capas, la parte de los mecanismos y de cómo leerlos se puede recibir como conocimiento antes de pisar siquiera el terreno. Lo único que solo la experiencia llega a llenar es el ajuste final de adaptar las cosas a tus propios números. A partir de aquí puedes trazar una línea que no es ni “todo a base de prueba y error” ni “todo desde el manual”.
Leer la plántula y vigilar los números son fuerzas distintas
Quien entra nuevo al terreno suele quedarse atascado en el mismo punto. “Bueno, al final, ¿qué tengo que aprender primero?”. La expresión gestión de operaciones de una granja vertical no tiene un asidero firme en cuanto intentas desglosarla y explicar qué hay dentro. ¿Es cosa del cultivo, de mirar los números, o de mover a la gente? Aunque intentes dibujar de golpe el cuadro completo de el trabajo del responsable que es la gestión de operaciones, al principio no se ve por dónde meter mano.
Observando el terreno, te das cuenta de algo así. Entre los que entran nuevos, está la persona que mira una plántula y enseguida percibe: “esta está un poco floja”. Pero esa misma persona no reacciona en absoluto a los cambios de la CE (una medida aproximada de lo concentrada que está la solución nutritiva) ni a los demás números de la solución nutritiva. También existe lo contrario: alguien que sigue los números con todo detalle y, sin embargo, no siente nada al mirar la planta de verdad. Al principio piensas que es una diferencia de experiencia, pero no van todos por el mismo carril.
Cómo se ve la plántula y cómo se ven los números son fuerzas distintas. Mirar una plántula y notar que “está floja” es la capa de la fisiología de la planta. Es un mundo en el que vas aprendiendo con el cuerpo la firmeza y el color de las hojas, y cómo tira el cogollo hacia arriba. Seguir la CE y los números de la solución nutritiva, en cambio, es la capa de vigilar los números. Es una manera de usar la cabeza que lee no la planta de verdad, sino su evolución en el tiempo. La persona que reacciona al instante ante la planta real ni mira la tabla de números. Es una combinación habitual que he visto muchas veces en el terreno. También se da lo contrario. No es que no puedan con ambas cosas porque su experiencia sea corta; es que las capas son distintas, así que se adquieren por separado.
Y, para colmo, cuanto más fuerte es alguien con la planta real, más tiende a decir: “no hace falta que mire los números, lo veo en las hojas”. Tal como yo lo veo, entiendo las ganas de decirlo, pero aquí hay una trampa. Hay anomalías que los números te avisan primero, y, al revés, hay anomalías (como la quemadura de puntas) que salen antes en las hojas aunque todos los números estén normales. Por eso ninguna de las dos cosas por sí sola mantiene la operación en marcha. Solo mirando ambas reduces lo que se te escapa.
Mirando la investigación, encaja. La quemadura de puntas —el síntoma en que el borde de la hoja se seca— no se desencadena tanto por una falta de calcio como por el hecho de que, cuando el crecimiento se acelera de golpe, el reparto de calcio no llega a tiempo a las hojas jóvenes del interior. Si encima se suman temperatura alta o luz fuerte, sale con más facilidad. (Ref.: 1, 2) Que aparezca antes en las hojas aunque el número del calcio en la solución nutritiva esté normal se debe precisamente a este mecanismo. La capa de la fisiología se sostiene en pie por razonamiento, no por corazonada. Por otro lado, aunque subir la intensidad de la luz aumenta el rendimiento de cultivo, la eficiencia con que esa luz se convierte en crecimiento, en cambio, baja. Con la misma fisiología, hay movimientos que solo se ven una vez que los sigues en los números. (Ref.: 1, 2) Lo que se le escapa al ojo al mirar las hojas, la capa de los números lo recoge. También hay informes de que, si miras la solución nutritiva solo como una única cifra llamada CE, se te pasa que un ión concreto se esté agotando o acumulando en silencio dentro. (Ref.: 3, 4)
La tercera capa: poner en orden a las personas y el flujo de trabajo
Hay una capa más, aparte de la fisiología y los números. El flujo de trabajo de las personas: el sentido para gestionar quién hace qué y cuándo. Hay quien entiende las plántulas y sabe seguir los números y, aun así, se le da curiosamente mal dar instrucciones a la gente o montar los procedimientos. Al revés, hay quien cultiva de forma regular pero cuya organización del trabajo es sobresaliente. En los sitios que he visto, ninguno de los dos casos es raro.

El flujo de trabajo también es algo aparte. Con la fisiología y los números tratas con la planta; con el flujo de trabajo tratas con el ir y venir de personas y cosas, y la cabeza se usa de otra manera. Lo importante, eso sí, es que el flujo de trabajo parece un mundo de intuición pero en realidad es algo que se puede medir y poner en orden. Cuando puse por escrito el trabajo de una jornada en mi propio sitio, era lo de alrededor de la cosecha lo que se llevaba el tiempo. Quién entra cuándo y a qué, cómo fijar la altura de la mesa y dónde colocar el producto cosechado: ese tipo de cosas se pueden ver y medir. Cambia la altura de la mesa de cosecha o el rango en que se mueven las manos, y, hasta para la misma persona, cambian la carga sobre el cuerpo y dónde se le quedan paradas las manos. En vez de zanjarlo con “esa persona es buena en la organización del trabajo”, puedes observar de verdad dónde está la gente esperando y dónde se fuerzan las posturas, y rehacer la distribución. Por eso, que alguien pueda ser malo en el cultivo y sobresaliente en el flujo de trabajo es, tal como yo lo veo, de lo más natural: esta es una capa distinta de la fisiología y los números, una que se mide y se pone en orden.
Con esto ya están las tres sobre la mesa. La capa de leer la fisiología de la planta, la capa de vigilar los números y la capa de poner en orden a las personas y el flujo de trabajo. La gestión de operaciones funciona con estas tres superponiéndose y trabajando juntas.
El límite entre la capa que se cede como conocimiento y la capa que se construye con experiencia
Una vez que las tres capas entran en escena, el “al final, ¿qué aprendo primero?” de quien entra nuevo se vuelve de pronto concreto. En vez de adquirir las tres a la vez, cada capa tiene una puerta de entrada distinta.

Por supuesto, estas tres capas no son todo lo que es la gestión de operaciones. La higiene, la calidad poscosecha y la rentabilidad como negocio quedan fuera de las tres capas. Las tres capas son un eje de orden que planteé como el tronco por el que quien entra nuevo mete mano primero; no son un marco para zanjarlo todo aquí.
Entonces, de estas tres capas, ¿hasta dónde se puede ceder de antemano como “conocimiento” que sacas de libros y artículos, y a partir de dónde solo cala una vez que estás en el terreno? Despacharlo todo con “apréndelo con la experiencia” no es correcto, pero tampoco se puede convertir todo en un manual.
En las tres capas, la puerta de entrada mezcla “lo que se puede ceder de antemano como artículos y conocimiento” con “lo que solo se puede construir en tu propio sitio”. En cuanto al orden, que alguien interiorice primero los mecanismos es lo que va primero. Para la capa de la fisiología, cómo la planta capta luz y nutrientes y cómo se van formando las hojas: esa cadena de razonamiento se puede leer en un libro. Para la capa de los números también, qué representan la CE, el pH y el PPFD y qué sospechar cuando se mueven de cierta manera: esa forma de leer en sí se puede ceder de antemano. Para la capa del flujo de trabajo también, se puede enseñar la idea de poner por escrito el trabajo y medirlo. Hasta aquí es común como puerta de entrada, la parte que puedes entregar antes de pisar el terreno.
Pero el límite entre el lado que puedes ceder y el lado que construyes es bastante nítido. Por ejemplo, que subir el PPFD (la cantidad de luz) aumenta el rendimiento de cultivo: ese mecanismo se puede explicar. Pero dónde sale a cuenta parar depende de tu propio coste eléctrico y de tu precio unitario, y eso no se puede ceder como un número. (Ref.: 1, 2) El valor óptimo de la CE también se mueve cuando cambian el cultivo o el sistema, así que no puedes usar tal cual el valor de otro. (Ref.: 5, 6) La receta de luz —la proporción de rojo y azul y la cantidad de luz— también desplaza su óptimo según lo que estés buscando. No puedes maximizar varios objetivos a la vez. (Ref.: 7, 8) Así que cedes “los mecanismos y cómo leerlos” como conocimiento, y “con qué valor ajustar las cosas para tus propias condiciones” es algo que construyes contrastándolo con el rendimiento y el margen bruto de tu propio sitio. Conviene pensarlo con esa línea divisoria.
La capa que te toca desarrollar se ve desde donde estás atascado
Una vez que puedes trazar la línea entre conocimiento y experiencia, lo siguiente es dónde te plantas tú. Ves la planta real y los números razonablemente bien, pero flojeas en el flujo de trabajo: en esa fase surgen preguntas. ¿Conviene ir a llenar la capa en la que eres débil, pulir todavía más la capa en la que eres fuerte, y puede la operación funcionar con una sola capa siendo sobresaliente?

Primero, cómo calibrarlo. No se decide por lo que se te da bien o mal. Dónde estás realmente atascado en el terreno ahora mismo, es decir, dónde se producen retrasos y rehacer trabajo, ¿sobre qué capa se asienta? Razonar hacia atrás desde ahí es la mirada del terreno. Pero aquello en lo que estás atascado suele abarcar varias capas a la vez. No hace falta separarlas a la perfección. Toma el retraso o el trabajo rehecho que más salte a la vista, y elige según de qué capa esté más cerca su puerta de entrada: con eso basta. Si ya ves tanto la planta real como los números, lo que se atasca suele ser el flujo de trabajo, y esa es la capa que a esa persona le toca desarrollar ahora.
Reforzar tu punto débil o sacarle más filo a tu punto fuerte: esto cambia según tu posición. Si llevas el sitio tú solo, tienes que llenar la capa en la que eres débil, o se detiene. Si ya está en marcha y estás en posición de subir un escalón la calidad, sacarle filo a tu punto fuerte funciona mejor. No es que una sea la respuesta correcta; cambia según dónde te plantes. ¿No funcionará con que solo una sea sobresaliente? Así es, no funcionará, porque las tres capas se adquieren por separado y en el terreno solo dan resultado una vez que engranan entre sí. Aunque sepas leer la fisiología a la perfección, el rendimiento no se sostiene si no están a la vez alguien que vigile los números y el flujo de trabajo. Optimizar una sola capa no vuelve óptimo el conjunto, o no siempre: así lo veo. La misma estructura aparece también entre los factores ambientales. En un experimento multifactorial, la CE de la solución nutritiva fue el único factor que más afectó al crecimiento y a la nutrición. Aun así, no basta con acertar solo la CE; se muestra que es la combinación con la luz y otras condiciones lo que entra en juego. (Ref.: 9) Aunque haya un orden en los efectos, optimizar solo el factor más influyente sigue dejando cosas fuera. Tirando más atrás, hacia el negocio en su conjunto: si las granjas verticales rinden mucho sobre el papel pero se atascan al difundirse, es porque la combinación de condiciones —coste energético, inversión inicial, regulación— se convierte en el cuello de botella, y no se puede defender la viabilidad solo desde la técnica. (Ref.: 10, 11) La sensación de que las cosas solo funcionan una vez que las capas engranan aparece con la misma forma, incluido el carácter de los costes de funcionamiento, aunque cambies de escala.
Elige una capa de tu turno y profundiza en ella
Razona hacia atrás desde donde estás atascado para encontrar la capa que te toca, y date cuenta de que las cosas solo funcionan una vez que las tres capas engranan: una vez claro eso, lo único que queda es empezar a moverte.
Con las tres capas en la cabeza, no hace falta leerlo todo por orden. De la capa en la que estás atascado ahora, la capa que te toca, elige una o dos y profundízalas probando cosas en el terreno: con eso basta.
Si te ha llegado el turno de vigilar los números, hay varias puertas de entrada. Para lo de alrededor de la solución nutritiva, cómo leer la CE y el pH. Para la temperatura, leerla no por la temperatura ambiente en sí, sino por la diferencia entre la temperatura de la hoja y la del aire. Para la humedad, leer la temperatura y la humedad juntas no como un mero alto o bajo, sino a lo largo del eje continuo y único del VPD (déficit de presión de vapor). Para la luz, evaluar el PPFD de los LED no por el brillo en sí, sino por cuánto se convierte en ingresos por unidad de superficie. Entra sin más por la que ahora mismo te traiga de cabeza en tu sitio: con eso basta. Si te lanzas a por todo a la vez, al final no se te queda nada. Si es el turno del flujo de trabajo, cómo diseñar el trabajo de cosecha y cómo usar para las decisiones los registros tomados en el terreno: esa zona se vuelve la puerta de entrada. Queda fuera de las tres capas, pero la higiene es el suelo de la calidad y no se puede dejar que ceda, así que tenla también en un rincón de la cabeza.
Una cosa que añadir. Según tu objetivo, cambias los propios ajustes. Las condiciones que maximizan el rendimiento de cultivo y las que concentran los componentes funcionales no son las mismas; según tomes rendimiento de cultivo o calidad, se ha informado de que hace falta cambiar cómo dispones la luz y la temperatura de la raíz. (Ref.: 12) Por eso “en cuál profundizar” también cambia según cuál de las dos esté buscando tu propio sitio ahora mismo.
En cuanto a la forma de cederlo, en lugar de “lee todas estas por orden”, es “lee la de aquello en lo que estás atascado ahora mismo, y mañana pruébala una vez en el terreno”. Esta manera de ir avanzando, al final, es la que mejor se queda.
Por último, lo añado con honestidad. Aunque los mecanismos y la forma de leerlos se puedan ceder de antemano, con qué valor ajustar tus propios números y cómo engranar una capa con otra requieren, de todos modos, tiempo de estar plantado en el terreno y construirlo. En ese punto, “esto solo se aprende con la experiencia” es correcto. Pero eso es distinto de “así que todo es intuición”. Cómo conservar dentro de la organización esta parte que solo se puede construir en el terreno enlaza con otra pregunta distinta: cómo convertir el conocimiento tácito en un activo. Hasta dónde puedes ceder de antemano y dónde empieza tu turno: con solo ser capaz de trazar esa línea, cambia bastante tu manera de plantarte en el terreno.